diumenge, 23 de novembre del 2014

MALES QUE TIENEN REMEDIO

MALES QUE TIENEN REMEDIO

Me llamo Nekane, he estudiado la carrera de medicina y soy una de las cooperantes de la ONG Médicos del Mundo.  Llevo dos semanas en Tailandia, donde tuvo  lugar un tsunami, y estoy trabajando sin parar para ayudar a la gente que se ha quedado sin hogar, ni familia, con necesidad de recursos alimentarios y médicos.

Desde el primer día que llegué aquí, me he encontrado con muchas situaciones diferentes. La mitad de las mujeres tienen SIDA, un 35% de la población tiene malaria, un 47% tiene tuberculosis, y otras enfermedades. Aparte de repartir alimentos, también inyectamos vacunas para las enfermedades y la mayoría de días trabajo en los hospitales y allí sí que lo paso muy mal, porque llega gente con muy mal estado, con necesidad de ser operado... Los hospitales están desbordados y hay muchos pacientes sin atención médica porque hace falta más personal. Las vistas no son agradables, casas derrumbadas, vehículos destrozados, todo es sucio, sin higiene…


Una de las soluciones podría ser que hubiera más ONG ayudando, más recursos médicos y más personal en los hospitales. Al ser un país propenso a los desastres naturales, los edificios habrían de estar preparados para estas ocasiones. Cuando hubiera uno de estas catástrofes tendría que haber áreas para que los habitantes pudieran alojarse para tener un techo donde vivir hasta que todo se arreglara un poco. Una vez pasado el tsunami propongo que hubiera más personal, voluntarios, el ejército ayudando a extraer las ruinas de los edificios derrumbados para facilitar la construcción de hogares para las personas que se han quedados sin lugar donde vivir.

En busca de un mundo mejor

En busca de un mundo mejor

Cuando yo era joven vivía en Jordania y me acusaron de asesina porque decían que había matado a un hombre. Yo era inocente pero no había maneras de demostrarlo así que tuve que abandonar a mi familia, dejar mi trabajo y comenzar un largo viaje para refugiarme en otro país en busca de paz.

Preparé la maleta y emprendí  el viaje en dirección a Suiza. Realicé casi todo el viaje en  coche, bus, tren y mar y mientras pasaban las horas contemplaba los paisajes que nunca me hubiera imaginado. En los momentos en que estaba en alguna ciudad aprovechaba para visitarla. Tuve cierto problema en Hungría porque se me agotó la comida y tampoco tenía suficiente dinero para comprar comida y si lo hubiera tenido no podría porque no poseía el forinto húngaro, así que tuve que robar algunas frutas de un mercadillo. Más de una vez me escondía porque no tenía papeles.

En el último tramo del viaje, estaba nerviosa por llegar y a la vez tenía miedo, no sabía lo que me encontraría y tampoco sabía el idioma. Bajé del tren y salí al exterior. Era impresionante, no me podía creer que había llegado a mi destino; me encontraba en Berna. Lo que veían mis ojos era hermoso, muy diferente de mí país con un estilo medieval, la ciudad estaba completamente nevada me encantó porque yo nunca había tocado la nieve. Mi objetivo era buscar a alguien que me pudiera ayudar a encontrar un trabajo para ganar dinero, un lugar donde poder vivir. Tenía tantas cosas en la mente y tantas ganas de visitar la ciudad que no sabía por dónde comenzar.

Yo estaba acostumbrada a un clima más o menos cálido pero en Suiza era totalmente al revés, el ambiente era frío. Los edificios, centros comerciales eran muy lujosas, era como un paraíso.


Los primeros meses fueron los peores porque me costó mucho encontrar un trabajo y eso quería decir que no tenía dinero para comer. Pero a partir de que una anciana me encontró congelada en la calle y me dejó alojarme en su casa, encontré un trabajo, ayudaba a la anciana en la casa porque ella sola no podía y desde entonces me ha ido muy bien.